Hay un escritor lituano contemporáneo que me gusta mucho, se llama Sigitas Parulskis (tiene 44 años). Escribe con humor, sarcasmo e ironía sobre sociedad lituana, y sobre ser humano en general. A parte de los libros escribe una columna semanal en una página de noticias. Aquí os ofrezco un fragmento de su artículo de esta semana. La traducción es mía, – perdonad los fallos. El tema es eterno…la vejez…

Sigitas Parulskis
Comentario sobre el tenis

Por fin empezó la temporada del tenis. Hombres atractivos, pasiones intensos, enormes sumas de dinero (de otros) – es lo que falta para sombrío invierno lituano. La semana pasada en el semifinal de “Chennai Open” se encontraron dos españoles – Rafa Nadal y Carlos Moya, el veterano Carlos (32 años) y el joven fenómeno Rafa (22 años).

A Carlos le faltaban un par de golpes más precisos para llegar a la victoria, pero perdió, no le bastaba fuerza. Su experiencia le ayudaba hasta el último instante, pero Rafa gano al viejo, en el semifinal sacó la victoria, la que le costó una casi vergonzosa derrota ante el ruso.

Antes yo nunca notaba, que elegía uno u otro jugador según mis criterios completamente subjetivos: por la técnica del juego, por el color de la camiseta, a veces por la nacionalidad (no me gusta ir con los eslavos, pero me gusta mucho ir con los suizos y los españoles). Pero esta vez con todo el corazón iba con Carlos, con el veterano, con su edad, con su edad respetable.

Las cámaras – como si tuvieran una intención de arañar mi corazón sangriento – estaban poniendo adolescentes hindúes gritando y triunfando, – me hubiera arrancado sus orejas con mucho gusto. Sinceramente, Nadal me ponía nervioso: antes me daba risa la costumbre de Rafa de tirar el pantalón para fuera, como si alguien le estuviera tirando la tela para dentro…bueno, ahí donde nunca entra el rayo del so….Ahora esto me parece una costumbre horrible, sarcástica y llena de rencor, costumbre que provoca ironía amarga.

En algunos instantes se me oscurecieron los ojos por el odio. No odiaba a Nadal, sino a mi mismo, porque no fue capaz de reconocer que lo que me irrita tanto es la superioridad de la juventud contra la vejez. No importa que la experiencia muchas veces es superior y tiene ventajas, es otra cosa, pero el arma principal – el tiempo – está en las manos de la juventud. Es repugnante. También son repugnantes los viejos que tiñan el pelo, se ponen pelucas y se meten con la juventud. Como la misma repugnancia. Un intelectual ingles Cyrill Connolly dijo una cosa asquerosamente acertada sobre la guerra de las generaciones: “Es la única guerra en la que cada uno pasa al lado del enemigo”. Yo también sentí que pasé. Justo después de este partido entendí que ya estoy en el otro lado, y ahora, cuando intento amistosamente hablar con mis estudiantes chicas, me siento como un viejo pervertido con intenciones asquerosamente primitivas que se pega a las chicas jóvenes. Esto es insoportable.